Llueven hombres

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Un relato del surrealismo caraqueño.
Salí al Centro Comercial cerca de mi casa con la camioneta de mamá. Iba a la librería y a la farmacia a ver si había cartulinas, goma arábiga y pintura. Nada; todo cerrado menos los chinos, la panadería, la licorería y la farmacia. Pueblo fantasma. Pregunto en la farmacia: “Sr., ¿por casualidad tiene goma arábiga?” “No mi cielo, eso ya no se consigue. Antes llegaba”. Viaje perdido. Me voy hasta el carro e intento quitarle la alarma; no responde, ¡muerta! “¿Y ahora?” Empieza a lloviznar. Pienso que es el control sin batería. Me voy a la panadería: “Hola, ¿venden pilas para este control? No logro que el carro pare la alarma” “No; no tenemos, pero pregunta en la ferretería” (cerrada). Un señor que compra algo me dice: “Yo creo que tengo un control así y podemos probar con mi pila”. Vamos hacia su jeep. El señor busca el control, pero no consigue cómo abrirlo. Vamos a la licorería a ver si hay un destornillador. “Hola, ¿tienen destornillador así chiquitico de estrías?”  “Coye, dèjanos revisar atrás”. Se va uno de los vendedores y regresa con un destornillador. Lo probamos. La pila del señor no es mi pila. Otro señor: “Chamo, yo te di una de esas en estos días. Búscala ahí”. Aparece la pila que calza como anillo al dedo. La probamos. Los miro a los tres: “Coye vale, este país está patas arriba y no conseguí lo que iba a comprar pero me encontré con tres ángeles”. Los hombres se inflan como pavos reales. Yo, agradecida. Vamos al carro. Probamos. No prende. “Eso es el módulo que se desconfiguró” Se dispara la alarma. Viene otro señor: “Soltemos el borne”. Aparece el zapatero con acento portugués: “¿Qué están haciendo? Muchacho loco, deja eshou. Hay que soltar los cables del móudulo”. Llamo a mamá. Viene con Flor, la vecina que maneja a 10Km por hora. Me traen el otro control, el de repuesto, para probar. Nada. Llamo a Otto, el vecino super mecánico. “Epa mi Valen. Estoy por Chacao pero ya voy para allá”. Llueve más duro. Llega el vigilante:  « Póngase bajo techo techo que se va a mojar ». Me arrimo hasta el techo. Llega Otto, se retuerce hasta el módulo detrás del volante, jurunga, lo desactiva  y logramos prender el carro. Volvemos a la casa. Sale mamá que se había regresado con Flor. Otto se remanga la camisa y arregla la alarma. Entramos y sale de la cocina el gato gordo de la vecina. Corre como delincuente pues se acababa de comer nuestro pescado.  Salgo corriendo detrás del gato armándole un zafarrancho. 🙈🤷🏻‍♀️

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